Entre las fauces de la muerte o la gloria

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En esta campaña del 2018, para la Presidencia de la República de Colombia, han llovido las críticas de uno y otro lado de la orilla, injustamente. Algunas, remontadas al pasado, y remitidas al presente, para tocar infamemente, un alma joven y nueva, como es el caso de Iván Duque, que nada tienen que ver, con los hechos políticos tan controvertidos, publicitados y hasta ahora no comprobados que tocan al expresidente Uribe.  La imagen de Duque, es primeriza en política, ajena a todos esos señalamientos graves. Lo que desafortunadamente no ocurre así con el doctor Gustavo Petro, poseedor de las más terribles acusaciones. La historia los cuenta como ciertos, y sus confesiones a lo largo de su protagonismo, lo muestran como héroe nefasto del M19, y lo sindican duramente, y él, en su soberbia, se ratifica, al margen y mal cálculo de no haber pensado bien, que hoy, sería protagonista directo de los sueños de la Revolución Bolivariana gestada por su amigo Hugo Chávez, ese que paseó por Bogotá, del que a boca abierta dijo y se reputó, ser su asesor personal. El Dr Petro pensó que el país estaba poseído por una incontrolable amnesia, y no fue así. Todos saben lo que él también sabe. Hoy, al sentirse candidato a la Presidencia de Colombia, olvidó, por voluntaria amnesia, o, por burdo interés, aquellas vanidosas expresiones, aireadas en todos sus contextos, para reputarse y auto proclamarse como líder único y auténtico, de la revolución Bolivariana, y, como agente directo de Chávez. El Dr. Petro, con sus procederes y arrogancia, se expuso al escarnio público, por aquello de confesión de parte relevo de prueba. Por ello, el Polo Democrático Alternativo lo desheredó, por lo menos esa fue la estrategia vista en esta contienda, que tiene mucho de comedia y teatro. ¡Su mala imagen! Basta haber pertenecido a una guerrilla que se volvió terrorista, al momento de asaltar el Palacio de Justicia y exterminar a ilustres hombres de leyes, que eran un honor para la vida   republicana y legal de la nación, como lo fueron los doctores: Alfonso Reyes Echandía, Ricardo Medina Moyano, Carlos Medellín, Alfonso, Patiño Roselli, Pedro Elías Serrano Abadía, Darío Velásquez Gaviria y muchos otros empleados de esa catedral de la justicia, para sentir repugnancia por su figura y ambiciones.  Recuerdo que se decía que muchos hijos de distinguidos patriarcas políticos, pidieron cacao al expresidente Turbay, para evadir la responsabilidad penal y política, cuando el M19 comenzó a sentir el vigor del Estado. Hubo guerrilleros, según dicen y confesaron, que jamás cargaron un fusil, que eran simple ideólogos, simpatizantes e hijos de destacadas figuras políticas. Por eso, salieron a ocultarse en otros países, con el auspicio del tráfico de las influencias, mientras pasaba el vendaval de señalamientos, acusaciones y capturas. Todo para que la culpa moral fuera proporcional, diferente al hecho punitivo de aquellos que dispararon a la humanidad de inocentes o el secuestro de los mismos. Como si esa actitud, los eximiera de la responsabilidad como autores intelectuales. Y, les resultó como lo planearon, por la influencia que tuvieron sus padres al ruego de un indulto solicitado. Pues lo lograron, no les pasó nada, porque jamás sufrieron las agonías de un proceso judicial y antes por el contrario, se convirtieron hoy, y, detrás de bambalinas, en seudos redentores de los menos favorecidos de la fortuna, entre comillas, que lucen abiertamente como patriarcas, pero del horror, y paladines legendarios, pero falsos, que defienden la honestidad, la justicia y la verdad. ¡Qué barbaridad! Como se cambia la historia por la conveniencia del momento histórico. Se dice que el M19, pactó con Pablo Escobar, para desaparecer los procesos que conllevaban a la extradición de colombianos, por los múltiples delitos cometidos, de los que no escapa el narcotráfico, que era uno de los medios de sustentación económica, que conjuntamente con el secuestro, servían de soporte para la supervivencia del movimiento terrorista, como lo ha hecho las Farc y el E.L.N. Colombia, debe despertar ante las encantadoras palabras del populista Petro, que solo buscan llegar a las fibras débiles del pueblo, para aprovecharse de sus malestares y desesperanzas, para sacar provecho, a su ansiosa, y seguramente fallida, elección a la Presidencia de Colombia. Sus discursos son réplicas traídas del diccionario político estratégico e infame de Hugo Chávez y Maduro, para engañar con el dulce de las palabras, lo que más tarde se convertirá en la hiel para el pueblo de Colombia. Por esas razones, voto por DUQUE.

senengonzalezvelez@hotmail.com

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