Atención del Estado a los jóvenes

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Un reciente foro, alrededor de las leyes especiales para la contratación laboral de jóvenes, puso en evidencia uno de los mayores problemas del mundo contemporáneo, lo cual se patentiza en el desempleo de los jóvenes entre los 18 y los 25 años y su impacto en la estabilidad de las sociedades, así tengan altos grados de desarrollo.

Detrás del irónico aviso de los clasificados “Se requieren jóvenes con experiencia”, se forman largas colas tras una posibilidad de empleo que siempre resulta esquiva.

El asunto es crítico no solo en Barranquilla, lo es en todo el territorio colombiano y nos atrevemos a decir que uno de cada dos desempleados es un joven entre los 18 y 25 años, problema que cada día se acrecienta.

A nivel mundial el drama de los jóvenes desempleados afecta al 13.5 por ciento de ellos, en Latinoamérica abarca al 16.6% y en Colombia el 12 por ciento de la población, lo cual puede constituir una buena explicación para el deterioro social, el rompimiento de los tradicionales núcleos familiares de tanta importancia para la estabilidad comunitaria, el pandillismo urbano y el aumento de la violencia tanto en las zonas rurales como en las grandes ciudades como Barranquilla.

El problema es más crítico todavía para las mujeres. La OIT dio a conocer en su último informe que el 60,1 por ciento de las  jóvenes de América Latina, no trabajan ni estudian, los analistas explican que existe una estrecha correlación entre la voluntad de estudiar y las posibilidades de conseguir empleos estables y bien remunerados.

La frustración entre los jóvenes es mayor y ello explica que buena parte de la mano de obra representada en los jóvenes emigra hacia países en los que encuentran posibilidades de trabajo, cuando no se dedican a la delincuencia en los barrios donde viven.

Para Barranquilla y Colombia en general, esta situación es un problema mayúsculo, la desesperación que causa el desempleo inclina a muchos jóvenes hacia la marginalidad y la conformación de las llamadas pandillas juveniles. Para nadie es un secreto que en nuestra ciudad y el resto del país la juventud continúa siendo blanco de problemas como el desempleo, la inseguridad y el narcotráfico.

Es tiempo que se ensayen otros métodos en la búsqueda de nuevas soluciones que nos sintonicen con las actuales realidades, tales como las del sector informal, cantera de los desvalidos contemporáneos, a quienes los organismos gubernamentales no han dirigido sus esfuerzos a pesar de constituir ellos más del sesenta por ciento de la población actualmente ocupada.

La juventud carente de trabajo ha sido aprovechada en la conformación de grupos al margen de la ley. No resulta muy difícil constatar, por ejemplo, que la mayoría de los componentes de las agrupaciones del crimen organizado, llámese guerrilla o emergentes de las bandas criminales siempre han sido jóvenes entre los 18 y los 25 años.

De ahí la necesidad de ofrecer mejores oportunidades a éste vasto sector de la población, carente de nuevos y claros horizontes que lo alejen de las actuales condiciones adversas.

Por eso consideramos que cualquier política dirigida a la juventud debe empezar por garantizarles empleos dignos, para así evitar el seguro crecimiento de los conflictos sociales y políticos que con toda seguridad serán ingredientes negativos para el proceso de la consecución de una paz estable y duradera.

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