Venezuela: de billonaria a pobre vergonzante

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En los años 70 miles de colombianos emigraron a Venezuela ‘Saudita’ atraídos por la bonanza que vivía el hermano país gracias a sus enormes yacimientos de petróleo. Atrás dejaban sus familias con el corazón encogido esperando buenas noticias y un giro en bolívares que les permitiera vivir.

El sueño venezolano les duró casi veinte años hasta que llegó el Socialismo del Siglo XXI de la mano de Hugo Chávez, un populista megalómano que se creía una mezcla de Simón Bolívar, Fidel Castro y el mesías redentor. En febrero de 1999, Venezuela tenía una inflación de 30 puntos, un salario mínimo que superaba los 500 dólares mensuales y recibía cerca de 1 billón de dólares. Era el país más rico de América.

Montado en el poder Chávez hizo todo lo que en campaña dijo que no haría: se declaró socialista, se convirtió en dictador y empezó a expropiar a los ricos y a la clase media. Por supuesto las clases bajas aplaudían porque era una especie de Robin Hood venezolano que le quitaba a los ricos para darle a ellos. Lo reeligieron tres veces. Chavez también cambió el modelo económico que empezó a hacer agua antes de que muriera el 5 de marzo de 2013. Se fue dejando a su hija María Gabriela como la mujer más rica de América. Mientras que su heredero político, Nicolás Maduro recibió reservas internacionales de casi 30.000 millones de dólares y una inflación anualizada de 19.5%. Ya Venezuela era pobre y escaseaba todo. Culpó a Colombia y en agosto de 2016 expulsó cerca de 20 mil compatriotas sin previo aviso. Ni siquiera los dejó cruzar por el puente. Los lanzó al río con sus hijos y sus pertenencias y cerró las fronteras. Pero aún así, los mercados siguieron vacíos y se acabaron las medicinas.

El fracaso de la economía socialista y las volteretas de Maduro para perpetuarse en el poder sacaron corriendo los inversionistas. A punto de no cumplir con sus compromisos la banca le cerró los créditos. La marina mercante y las aerolíneas se fueron. No hay empleo, no hay dólares, no hay plata.

Venezuela vive un periodo de recesión y su bancarrota se compara con la de Grecia hace pocos años. Su situación es tan calamitosa que tiene los elementos de una auténtica depresión. La economía se redujo en 35% y el desplome alcanzó cotas de economía de guerra con una contracción del PIB del 14%.

De nada le ha valido a Maduro aumentar el salario casi 20 veces porque no alcanza ni para comprarse una libra de papa. La mitad de los trabajadores ganan 37 dólares mensuales y Venezuela tiene una inflación del 2.616 %. Es el segundo país más pobre de América después de Haití. Y para colmo de males adiós a la Venezuela ‘Saudita’ porque Petróleos de Venezuela -PDVSA-, redujo su producción en 300.000 barriles diarios.

Así las cosas, los pocos colombianos que quedaban en Venezuela cuando empezaron a pasar hambre y necesidades regresaron a su patria seguidos por casi medio millón de refugiados venezolanos a quienes no les importa pasar necesidades porque al menos en Colombia hay libertad. Ahora son ellos los quienes trabajan y giran con la esperanza de que Maduro caiga y puedan regresar. Pero con las fraudulentas elecciones del pasado domingo deberán ir pensando en traerlos. Y el gobierno de Colombia que se prepare.

 

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