Entre la soberbia y la ira, ¡de la campaña presidencial!

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La Soberbia. Se dice, que es un sentimiento de superioridad, frente a los demás, que provoca un trato despreciativo. También se la define como los actos de rabia a que llega una persona, ante
una contrariedad. La Biblia en Proverbios 16:18:19, nos dice que es mejor humillarse al espíritu con los humildes, que repartir despojos con los soberbios. La soberbia es perjudicial para la salud espiritual.

La Ira. Además de ser muy mala consejera, como lo afirmaba Seneca, es un estado de exacerbación de la persona que no lo deja reflexionar. Y si lo trata de hacer, pierde la coherencia entre su razón y la razón ajena. Son estados irritables que no conducen a nada, antes, por el contrario, oscurecen la mente y merman la capacidad de reflexión. Hoy, he querido manejar el tema de las campañas políticas, con estos dos elementos importantes de la conducta humana, que muchas veces, por apasionamiento, generan en violencia, y que, por lo mismo, hacen más difícil cualquier tipo de relación, especialmente para un proceso electoral y no me cabe la menor duda, para un proceso de paz.

Las opiniones contrarias a las nuestras no deben ser motivo de agresión y viceversa. Tales posiciones ideológicas, deben estimarse como un producto fundamental de la democracia, en que el derecho a disentir, y en especial a opinar, cumple a esencia su razón de ser. Cada candidato tiene su estilo propio de actuar, y la prepotencia, que en un momento determinado pueda salirse de su cuero cabelludo, es propio precisamente de los estados de la soberbia, que colocan al individuo en un plano de superioridad ante los demás. Esa situación, ni es una virtud, ni mucho menos un don, es un estado emocional que más obedece a un complejo de culpa, o también de inferioridad, que aflora en el individuo como un mecanismo de defensa de su propio ego. También podría obedecer, a, estar siempre a la defensiva, para ocultar lo que la conciencia le acusa. De ahí la razón para que muchas veces se hable, se converse, o se defienda una posición ideológica, a través de la agresión verbal, asumiendo posturas de amo señor y dueño de la palabra. En esta campaña, de agresiones y señalamientos, se han perdido las composturas, especialmente entre simpatizantes, que, a falta de argumentos, han recurrido al agravio, a la calumnia, a la burla grotesca, que desdice mucho del talante colombiano que siempre se ha distinguido por ser respetuoso. No comparto con el presidente Santos, no estoy de acuerdo con sus actos de gobierno, ni con la legalización de absurdos, pero eso no me da derecho a denigrar de su familia, ni de llevar a los extremos mis antipatías. Del mismo modo, debe respetarse al Senador Álvaro Uribe, a sus hijos, su familia. Cosa parecida, está ocurriendo en las redes sociales, en que independientemente del sentido del humor, que es bueno, lo que, sí no es admisible, es que se llegue a la vulgaridad, a la superposición, o montaje de gráficas obscenas. Todos estos actos que disuenan del buen comportamiento, hacen parte de la soberbia y de la ira, y, por lo tanto, no son los más apropiados. Terminemos este proceso electoral, con el mejor sentido del humor, sin incurrir en atropellos a la dignidad humana, que todo se manifieste con respeto. El que ganó triunfó, y el que no, perdió. ¡Alea jacta est! – ¡Colombia no te equivoques!

senengonzalezvelez@hotmail.com

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