Se requiere mayor autoridad

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Las ciudades son tomadas por el hampa y el resto de delincuentes cuando quien gobierna no está dedicado a administrarla y a resolver sus problemas, sino a rapiñar lo que exista e incluso lo por existir en las arcas del Estado y en los proyectos en que el Estado mete mano.

La mente y el mando van indisolublemente unidas, pero cuando la mente está distraída en otros menesteres viene la debacle. Pese a que hay algunas personas que comen a dos carrillos, en administración pública hay quienes comen a más, pues usan sus bocas y las bocas ajenas para engullir todo lo que puedan. Lógicamente la masticada es más difícil, pues además de tener que dar no mordidas sino tarascadas, puede venirles el ahogo porque tragan demasiado y con una rapidez inusitada.

Claro que se ocupan de morder, tragar e idear nuevas francachelas y nuevas comilonas a lo Pantagruel, pero no se dignan trabajar por el bienestar de sus gobernados. Lógicamente mientras ellos muerden y comen se disparan las pandillas, los atracos, los asaltos, los fleteos, los fraudes, las estafas, los engaños, porque el mal ejemplo cunde. Y se enseñorean las Bacrim de las ciudades, departamentos y regiones.

Mucho es lo que hace la Policía en este mar de situaciones negativas. Poco es lo que hacen los organismos de control, que más deberían llamarse de engavetamientos, pues su eficacia en resolver y fallar los casos que tienen en sus manos es pírrica si la vemos en su realidad histórica y más lenta que tortuga sin patas que sólo se impulsa con su débil cola.

La corrupción no se controla porque la autoridad va de la mano con ella y los dirigentes lideran la bandera de los filibusteros, son los piratas de nuestros tiempos, sin espadas, sin cañones, sin barcos, para esto está el poderosos vehículo del lobby para los legisladores, mientras los ejecutivos andan a sus anchas panchas haciendo y deshaciendo y convirtiendo cada oportunidad para el pueblo en oportunidad de sus bolsillos y de sus cuentas crecientes.

Los del sector privado contribuyen maléficamente organizando negocios que se legalizan a través del Estado y donde se apropian de los intereses estatales y de los bienes públicos.

Lo hacen de tal manera que a la justicia le queda difícil encontrar el hilo conductor de estos conciertos para delinquir.

Hay una cadena de corrupción que vale la pena que se hile delgadito en muchas de las cosas que se hacen. Muchas cosas en nuestro país están en manos de los impúdicos y muchos que parecen púdicos son sólo sepulcros blanqueados, remedos de Arsenio Lupin, pero con menos caballerosidad que este famoso bandido de cuello blanco.

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